Por qué tener un gato es bueno para tu salud

Por qué tener un gato es bueno para tu salud

Lo más probable es que más de una vez hayas oído hablar de los beneficios que nos aportan nuestros animales de compañía, pero ¿qué ocurre en concreto con el gato?

En el caso de las personas que deciden compartir su vida con un felino lo cierto es que pueden disfrutar tanto de beneficios físicos como psicológicos de esta convivencia: estamos más en forma, se reducen las posibilidades de padecer ciertas patologías o nuestro ánimo mejora. Hemos seleccionado 7 ventajas que tiene convivir con un gato para tu bienestar, y que fueron descubiertas a partir de destacados estudios.

¿Sabías que se ha observado que la simple interacción con un gato reduce los niveles de presión arterial (Allen et al. 2001; Somervill et al. 2008)?.

Pues sí, y además otras investigaciones han encontrado que los propietarios de gatos (al igual que los de perros) muestran signos de mejor salud física que el resto, hasta el punto que la "American Heart Association" reconoció en el año 2013 que la convivencia con un animal de compañía, gato o perro, podría ayudar a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares.

La razón es que parece que la relación con un animal de compañía no sólo ayuda a mantener una buena presión arterial, sino también niveles bajos de colesterol y baja incidencia de obesidad (Levine et al. 2013). Estos beneficios se podrían atribuir en parte al vínculo emocional que une el propietario a su animal de compañía. Lo sugieren los resultados de una investigación en la que se ha comparado el efecto que la interacción con los gatos tiene sobre la salud cardiovascular de propietarios de gatos o de voluntarios de refugios para gatos (da Silva Garcia Dinis & Martins 2016). En los propietarios, un fuerte apego se asocia a una mayor reducción de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial.

No se acaba aquí la relación de la convivencia con los felinos y una menor incidencia de ciertas patologías. De hecho, los pequeños que viven con un gato suelen tener menos posibilidades de desarrollar alergias y asma (Perzanowski et al. 2002).

Otro gran beneficio que puede aportarnos convivir con un gato es en el aspecto psicosocial. Para empezar, numerosas investigaciones muestran indicios de que el contacto con un animal de compañía, ya sea gato o perro, puede tener un efecto positivo en momentos de estrés (Allen et al. 2001). En un estudio realizado en Australia, con casi 200 personas, se observó que aquellos que gozaban de la compañía de un gato, en comparación con los que no tenían ningún animal de compañía, tenían mejores indicadores de bienestar psicológico (Straede & Gates 1993).

Algo que pudimos constatar en el III Análisis del vínculo entre personas y gatos que publicamos este año. En concreto, un 67% de los propietarios afirmaban que su gato era un gran apoyo emocional en momentos difíciles. Y más de un 80% revelaba que con la compañía de su minino no se sentían solos.

Por otro lado, más estudios han sacado a relucir el apego que los propietarios de gatos podían sentir por su compañero felino y el gran apoyo emocional que les daba mantener esta relación con su animal de compañía (Stammbach & Turner 1999; Turner et al. 2003). E incluso en otras investigaciones centradas en grupos de población con alguna dolencia psicológica, como la depresión, se observó que claramente la interacción con un gato disminuía los síntomas negativos del malestar psicológico (Rieger & Turner 1999). Además, también se demostró que el simple hecho de contemplar a los gatos incrementa nuestros niveles de bienestar (Myrick 2015).

Todo parece indicar que compartir nuestra vida con un gato puede mejorar nuestra salud en muchos aspectos, como lo demuestran los diferentes estudios. Sin embargo, aún quedan todavía muchas incógnitas por resolver sobre los efectos positivos de la interacción del ser humano con el fascinante felino doméstico.

Referencias bibliográficas:

  • Allen, K; Shykoff, B E; Izzo, J L (2001) Pet ownership, but not ace inhibitor therapy, blunts home blood pressure responses to mental stress. Hypertension vol. 38 (4) p. 815-20
  • da Silva Garcia Dinis, F A B; Martins, T L F (2016) Does cat attachment have an effect on human health? A comparison between owners and volunteers. Pet Behaviour Science vol. 1 p. 1–12
  • Levine G N; Allen K; Braun L T; Christian H E; Friedmann E; Taubert K A; Thomas S A: Wells D H; Lange R A (2013) Pet Ownership and Cardiovascular Risk: A Scientific Statement From the American Heart Association. Circulation DOI: 10.1161/CIR.0b013e31829201e1
  • Rieger G; Turner D C (1999) How Depressive Moods Affect the Behavior of Singly Living Persons Toward their Cats, Anthrozoös vol. 12 (4) p. 224-233
  • Somervill J W; Kruglikova Y A; Robertson R L; Hanson L M; MacLin O H (2008) Physiological Responses by College Students to a Dog and a Cat: Implications for Pet Therapy North American Journal of Psychology vol. 10 (3) p. 519-528
  • Stammbach K B; Turner D C (1999) Understanding the Human—Cat Relationship: Human Social Support or Attachment, Anthrozoös vol. 12 (3) p. 162-168
  • Straede C M; & Gates G R (1993) Psychological Health in a Population of Australian Cat Owners Anthrozoös vol. 6 (1) p. 30-42
  • Turner D C; Rieger G; Gygax L (2003) Spouses and cats and their effects on human mood, Anthrozoös vol. 16 (3) p. 213-228
  • Perzanowski M S; Ronmark E; Platts-Mills T A; Lundback B (2002) Effect of cat and dog ownership on sensitization and development of asthma among preteenage children. American Journal of Respiratory and Critical Care Medicine vol. 166 p. 696–702 http://www.atsjournals.org/doi/pdf/10.1164/rccm.2201035
  • Cátedra Fundación Affinity Animales y Salud (2016) III Análisis del vínculo científico del vínculo entre personas y gatos
  • Brown C M; Hengy S M; McConnell A R (2016) Thinking about Cats or Dogs Provides Relief from Social Rejection Anthrozoös vol. 29 (1) p. 47-58
  • Myrick J G (2015) Emotion regulation, procrastination, and watching cat videos online: who watches Internet cats, why, and to what effect? Computers in Human Behavior vol. 52 p. 168-176