Divorcio y mascotas, ¿con quién se queda el perro o gato?

Divorcio y mascotas, ¿con quién se queda el perro o gato?

En los últimos años es cada vez más habitual la palabra "divorcio" o "separación". La ilusión con la que las parejas empiezan una vida juntos se trunca y la relación no acaba de funcionar; así que, ambas partes deciden terminarla por la vía legal. España es de hecho el cuarto país de la Unión Europea con mayor tasa de divorcios, cada año más de 160.000 parejas rompen su matrimonio. Pero hay que tener en cuenta otro dato y es que en casi la mitad de los hogares españoles (49,3%) hay una mascota.

Por eso, ya no es extraño encontrarse disputas sobre la tenencia de los animales de compañía en caso de divorcio. ¿Qué hacer si no llegamos a un acuerdo con nuestra ex-pareja? ¿Cuáles son nuestros derechos para reclamar la custodia del perro o gato? ¿Cómo se puede resolver? A continuación, explicamos los pasos a seguir para solucionar este asunto, desde la vía amistosa a la judicial.

¿De común acuerdo o por vía legal?

La primera opción antes de aventurarnos en la vía judicial, es intentar llegar a un acuerdo amistoso sobre quién se queda con el perro o gato. De esta manera, nos evitaremos los gastos derivados del juicio y también los nervios y dolores de cabeza. Sin embargo, si el acuerdo no se produce se pueden emprender acciones legales e ir a juicio.

Lo primero que se tiene que tener en cuenta es que el Código Civil, como se recoge en su artículo 333, considera que las mascotas tienen naturaleza de bienes muebles. Por tanto, pueden ser reclamados en propiedad por cualquiera de los dos miembros de la pareja o ser compartidos por ambos. Excepto si la mascota ya era propiedad de uno de los miembros de la pareja antes del matrimonio. En este caso, el otro miembro no tendrá ningún derecho de decisión sobre el animal tras el divorcio o separación.

Custodia compartida

La mejor opción para las dos partes, si no existe acuerdo amistoso, es la custodia compartida, así el perro o gato puede ser propiedad de los dos. En esta titularidad quedará establecido el régimen de visitas del animal, y cómo se cuidará de él de ahora en adelante. Por ejemplo, si uno de los miembros de la pareja puede dedicar más tiempo en atender a la mascota, esta podrá vivir en su casa y se permitirá a la ex-pareja visitar al perro o gato y llevárselo durante períodos de tiempo especiales como las vacaciones.

No obstante, hay que tener en cuenta que en el caso de un gato y si la custodia compartida implica el desplazamiento del animal de una vivienda a otra puede ser una fuente de estrés muy grande para él. Esto ocurre porque los gatos son animales territoriales y muy sensibles a los cambios ambientales.

Custodia única

Otra manera de resolver la situación, más complicada de sobrellevar para uno de los ex-cónyuges es que el perro pase a ser propiedad de solo una de las partes. En este caso, la parte beneficiada tendrá que indemnizar a su ex-pareja por la perdida de los derechos de custodia y disfrute del animal.

Por otro lado, si el matrimonio se produjo en sociedad de separación de bienes, la custodia del animal recaerá en la persona que adquirió el animal, incluso si lo hizo durante el matrimonio. En este caso, para demostrarlo se tendrán que acreditar mediante documentos que la mascota está a su nombre con el recibo de la adopción del animal, la factura de su compra, la cartilla veterinaria a su nombre, etc.

¿Y, si hay niños de por medio?

Estos serían los 3 escenarios posibles ante una situación de divorcio o separación tanto en un matrimonio como una pareja de hecho: llegar a un acuerdo amistoso, la custodia compartida y la custodia única. No obstante, la sentencia puede variar si en el seno familiar hay niños. La relación entre los más pequeños y las mascotas acostumbra a generar lazos muy fuertes y la ruptura puede llegar a ser traumática. Por eso, lo más seguro es que los niños no quieran separase de su perro o gato. Frente a esto conviene que la mascota se quede con ellos. De hecho, la jurisprudencia recomienda no separar a los menores de sus mascotas en casos de divorcio o separación de los progenitores.

Casos de abandono o maltrato

Por desgracia y como consecuencia de la separación, puede existir la situación que el miembro de la pareja que se quede con el animal lo abandone o lo maltrate como venganza. Si el otro miembro de la pareja llega a saberlo está obligado a denunciarlo, ya que es una acción ilegal y sancionable por vía económica según la Ley 1/1990, de 1 de febrero, de Protección de los Animales Domésticos.

Pero para que la denuncia progrese es necesario ratificarla, que no sea una denuncia anónima, y que se sepa a quién hay que sancionar. Para saberlo existen dos maneras. Por un lado, a través del microchip ya que cuando se coloca se le asocia el nombre del dueño; y, por otro, a través de la identificación del autor a partir de testigos, que pueden ser el propio cónyuge, familiares y amigos de la ex-pareja.