¿Importa la raza para ser perro de terapia?

Un perro de terapia es aquel que se incorpora como parte del tratamiento, es decir, que se aprovechan los valores intrínsecos del animal. Estos son respuesta invariable, fidelidad o incapacidad de juzgar, entre otros, para facilitar el trabajo del educador o del terapeuta en la educación, recuperación, rehabilitación, reinserción, tratamiento o mejora de la calidad de vida de determinadas personas.

Desde la Fundación Affinity nos gusta siempre hablar de individuos y no de razas. Si bien es verdad que hay una tendencia general de creer que hay algunas razas más predispuestas que otras, la realidad confirma que cualquier individuo con unas características determinadas puede servir para la tarea. La prueba irrefutable de ello la encontramos en el mismo programa Buddies, donde los perros que participan no son de razas y los resultados con ellos son excelentes, algo de lo que desde la fundación nos enorgullece.

Algunas características necesarias para ser perros de terapia

  • Tienen que ser equilibrados: Deben ser unos perros, mentalmente, seguros y fuertes. Hay que recordar que muchas veces los perros de terapias están expuestos a pacientes con graves trastornos o muy imprevisibles, por lo tanto tenemos que tener un mínimo de garantías de que nuestros perros no reaccionarán de manera inapropiada.
  • Fiables: Se trata de que posean esa cualidad de que un comportamiento suyo, previsto, tenga una alta probabilidad de suceder ante determinadas situaciones repetidas o similares.
  • Dóciles: Esto quiere decir que tenemos que poder controlar el comportamiento de los perros mediante el adiestramiento (obediencia básica).
  • Deben resultar adecuados para una determinada tarea: Esto significa encajar o estar cualificado para un fin determinado. El animal debe ser capaz de ayudar al paciente a trabajar para los objetivos que haya marcado el terapeuta en un contexto determinado. Dependiendo de esos objetivos, el perro tendrá que tener una serie de habilidades. En función del colectivo con el que trabajemos tendrá que hacer un tipo de ejercicio u otro. Por ejemplo, si trabajamos con gente joven quizás necesitaremos que el perro sepa hacer un circuito de Agility.
  • Confiables: Tienen que tener capacidad de inspirar confianza. Los usuarios se tienen que sentir cómodos y no amenazados con el equipo (perro y responsable del perro).
  • Sociables: Los perros de terapia tienen que estar a gusto y disfrutar con el contacto humano. Sería impensable trabajar con un animal que no le gustase el contacto social, porque se generarían serios problemas de estrés.
  • Seguros: No pueden ser perros miedosos y tampoco que tengan trazas de agresividad hacia otros perros, ni mucho menos hacia las personas.
  • Sanos: No tienen que padecer ninguna enfermedad. Tienen que ser animales debidamente controlados por un veterinario, vacunados y con la cartilla en regla; deben estar desparasitados, tanto interna como externamente, y físicamente limpios.

Por último, es necesario destacar -en contra de lo que mucha gente cree-, que un perro de terapia no tiene porque ser un “superperro”, ni soportar cualquier tipo de comportamiento por parte de los usuarios.

Siempre se tiene que tener muy claro que la persona que trabaje con el animal -sea un profesional de la salud, de la educación, un técnico o un guía- tiene que saber protegerlo ante posibles reacciones inapropiadas por parte de los usuarios.