¿Por qué los animales nos aportan bienestar, felicidad y salud?

Hayamos tenido o no animales, el simple hecho de haber estado cerca de ellos en algún momento de nuestra vida, nos habrá infundido una sensación gratificante y de buen estado de ánimo. No es algo casual, ya que tiene una explicación científica.

De hecho, fue el biólogo americano, Edward O. Wilson quien elaboró la teoría de la biofilia. En ella, sugiere que los humanos siente una afinidad innata por todo lo viviente y lo natural. Pero no solo eso sino que además existen parámetros fisiológicos concretos que indican los beneficios del contacto entre animales y personas.

El contacto con un perro, con el cual se ha establecido un vínculo afectivo, hace que liberemos oxitocina, la hormona relacionada con el placer. También se reducen los niveles de cortisol en la sangre, indicador fisiológico del estrés y aumentan el nivel de endorfinas, un péptido que funciona como un neurotransmisor y que son las responsables de la sensación de bienestar. Más allá de estos visibles beneficios, también el ritmo cardíaco se ve reducido y se fomenta la reducción de la presión arterial (Odeendaal, 2000).

El contacto con un animal parece también tener efectos beneficiosos, tanto para la salud física como para la mental de las personas. Así, por ejemplo, la tenencia de una mascota se asocia a una presión arterial más baja, pero también a la realización de más actividad física y un sistema inmunitario más robusto (Anderson et al, 1992; Nimer and Lundahl, 2007).

Un estudio, llevado a cabo a 92 pacientes ambulatorios de una unidad de cardiología, encontró que aquellos que poseían una mascota mostraban una supervivencia estadísticamente superior al resto (Friedmann, 1980).

Además de los efectos de apoyo social para el propio individuo, tener cerca una mascota modifica en sentido positivo la percepción que los demás tienen de una persona y facilita las relaciones sociales. Y es que la relación con un animal de compañía puede ser utilizada para promover la empatía con los seres vivos en general y con las personas en particular.

Pero más allá de los beneficios que supone el simple contacto, el cuidado e incluso la educación del animal, esta afinidad innata de los humanos y los animales se puede utilizar asimismo con fines terapéuticos. Por ejemplo, en personas con dificultades para comunicarse, de motivación, de atención y de concentración, con una baja autoestima, en las que quiere promover el sentido de la responsabilidad o que presentan cualquier otra problemática de comportamiento, incluida la enfermedad mental (Fine, 2010).