Estudio Él Nunca Lo Haría de la Fundación Affinity 2025
Principales resultados e interpretación del Estudio Él Nunca Lo Haría de la Fundación Affinity sobre el abandono, la pérdida y la adopción de animales de familia en España en 2025.
Jaume Fatjó
Cátedra Fundación Affinity Animales y Salud
Departamento de Psiquiatría y medicina Legal
Universidad Autónoma de Barcelona
08193 – Bellaterra (Barcelona)
El abandono continúa afectando a cientos de miles de animales
El número de perros y de gatos abandonados o perdidos en 2025 no se ha reducido de forma significativa respecto a las cifras de años anteriores. El año pasado ingresaron en los centros de acogida públicos y privados de España un total de 285.720 animales de familia, de los cuales 169.268 fueron perros y 116.452 gatos. Así, un año más nuestro estudio confirma que el abandono y la pérdida constituyen el principal problema de bienestar de los animales de compañía en España.
Aunque las cifras globales son ligeramente inferiores a las observadas en 2024, la evolución de los últimos años no muestra cambios significativos, y sugiere una situación de estancamiento más que una mejora real. El problema del abandono continúa afectando a cientos de miles de animales y no puede atribuirse exclusivamente a un perfil determinado. Como muestran los datos de nuestro estudio, el abandono afecta a animales de todas las edades, tamaños y características.

La adopción como estrategia de lucha contra el abandono
Afortunadamente, la adopción se mantiene estable y se consolida poco a poco como una de las alternativas elegidas por muchas personas a la hora de incorporar un animal a su familia. Durante 2025, el 42,9% de los perros y el 41,9% de los gatos recogidos por las entidades encontraron un nuevo hogar. La adopción constituye una de las herramientas más eficaces a corto y medio plazo para reducir el impacto negativo del abandono y mejorar la calidad de vida de los animales que llegan a los refugios.
Sin embargo, no todos los animales tienen las mismas probabilidades de ser adoptados. Los cachorros de perro permanecen en los refugios una media de 2,7 meses antes de encontrar una familia, mientras que en los perros adultos y sénior la estancia media alcanza los 12,8 meses. En los gatos ocurre algo similar: los gatitos permanecen una media de 3,3 meses en las entidades, frente a los 13,2 meses de los gatos adultos y mayores.
Además, las entidades participantes consideran que algunas características dificultan especialmente la adopción. En 2025, los problemas de comportamiento se sitúan por primera vez como el principal factor asociado a una estancia prolongada en los refugios, señalado por el 77,6% de las entidades. A continuación, aparecen la pertenencia a razas consideradas potencialmente peligrosas (68,2%), las enfermedades crónicas (57,2%), el tamaño grande (50,7%) y la edad avanzada (48,4%). En definitiva, algunos animales continúan enfrentándose a importantes barreras para encontrar una familia y permanecen durante largos periodos de tiempo en espera de una oportunidad. En muchos refugios, estos animales terminan convirtiéndose en auténticos “animales invisibles”. Es decir, perros y gatos que, debido a sus características, parecen pasar desapercibidos para los potenciales adoptantes.

La identificación mediante microchip sigue siendo clave para recuperar a los animales perdidos
La identificación mediante microchip continúa siendo una de las medidas más eficaces, no solo para evitar el abandono, sino también para reducir las consecuencias de la pérdida de animales. El factor clave en la recuperación de un animal extraviado es la posibilidad de localizar a sus familias y, para lograrlo, resulta fundamental que el animal esté correctamente identificado mediante microchip. Aproximadamente el 13,3% del total de animales que ingresaron en los centros de acogida en 2025 pudieron ser recuperados por sus familias. Sin embargo, este porcentaje ascendió al 65,2% para los perros y gatos que llegaron correctamente identificados. En otras palabras, un animal de compañía identificado tiene entre cuatro y cinco veces más probabilidades de volver a casa que un animal que llega a un refugio sin que sea posible localizar a su familia. La identificación mediante microchip continúa siendo, por tanto, una herramienta esencial para reducir las consecuencias de la pérdida de animales de compañía.
Principales causas de abandono
La dinámica temporal de los ingresos presenta diferencias importantes entre perros y gatos. Mientras que la entrada de perros se mantiene relativamente estable a lo largo del año, en los gatos persiste una marcada estacionalidad. El 44,1% de las recogidas de gatos se concentran en el segundo cuatrimestre, coincidiendo con la temporada reproductiva. Esta situación confirma que las camadas no deseadas continúan desempeñando un papel importante en la dinámica del abandono.
De hecho, las camadas no deseadas siguen siendo el principal motivo de abandono declarado por las entidades participantes, y representan el 15,3% de los casos conocidos. A continuación, se sitúan la pérdida de interés por el animal (14,0%), los cambios de domicilio o traslado (11,9%), el final de la temporada de caza (10,5%) y los problemas de comportamiento (9,8%). Aunque la mayoría de los animales llegan a las entidades tras ser encontrados en la vía pública, estos datos permiten identificar algunas de las razones más frecuentes que llevan a una persona a desprenderse de un animal de compañía.
Resulta especialmente llamativo que los problemas de comportamiento aparezcan tanto entre las principales causas de abandono como entre los factores que más dificultan posteriormente la adopción. En la mayoría de los casos, estos problemas describen dificultades de convivencia entre la familia y el animal y, con ayuda profesional, muchos de ellos pueden mejorar o resolverse. Su presencia en ambos extremos del proceso pone de manifiesto la importancia de promover una mayor educación sobre comportamiento animal y facilitar el acceso a recursos especializados.
Reflexiones y necesidades de las entidades de protección animal
Más allá de las cifras de abandono, pérdida y adopción, nuestro estudio invita a las entidades participantes a compartir sus reflexiones, necesidades e inquietudes. Este año hemos querido centrar nuestra atención en cómo las entidades de protección animal viven y se enfrentan diariamente al problema del abandono, la pérdida y la adopción de animales de familia.
Las entidades participantes hacen referencia de forma recurrente a la necesidad de más ayudas, más recursos, más voluntarios y una mayor implicación institucional. Estas demandas reflejan una realidad que rara vez se cuantifica: el impacto emocional que supone trabajar diariamente en un entorno marcado por la escasez de recursos y el sufrimiento de unos animales que no han elegido ese destino.
Aunque el presente estudio no evaluó directamente el bienestar emocional de trabajadores y voluntarios, sus resultados permiten plantearnos cómo afecta la vida en los refugios a las personas que dedican su tiempo y energía al cuidado de los animales.
Calidad de vida profesional en las entidades de protección animal
Una forma útil de abordar esta cuestión es a través del modelo ProQOL-Health(1), desarrollado para comprender la calidad de vida profesional de las personas que trabajan en profesiones de ayuda. Según este modelo, la experiencia de quienes cuidan de otros está determinada por cinco dimensiones: la satisfacción por compasión, el apoyo percibido, el burnout, el estrés traumático secundario y el estrés moral.

Satisfacción por compasión
La primera de estas dimensiones es la satisfacción por compasión, es decir, la sensación de realización que surge al comprobar que nuestro trabajo mejora la vida de otros, ya sean personas o animales. En el contexto de los refugios para animales, esta satisfacción encuentra una de sus máximas expresiones en la adopción. Durante 2025, el 42,9% de los perros y el 41,9% de los gatos recogidos por las entidades encontraron un nuevo hogar. Estas cifras reflejan el impacto positivo que tiene el trabajo diario de miles de personas y constituyen una fuente de motivación y sentido para quienes dedican su tiempo, ya sea de forma profesional o voluntaria, al cuidado de los animales.
Apoyo percibido
El modelo también destaca la importancia del apoyo percibido, es decir, la sensación de sentirse acompañado, valorado y respaldado por otras personas o por la propia organización. En este sentido, los refugios cuentan con una importante red de colaboración, con una media de 29,1 voluntarios por entidad. Sin embargo, esta cifra oculta una realidad muy diversa. Casi cuatro de cada diez entidades no cuentan con ningún empleado remunerado y aproximadamente la mitad disponen de menos de diez voluntarios. Desde la perspectiva del modelo ProQOL-Health, el apoyo social y organizativo constituye uno de los principales factores protectores frente al desgaste emocional. En consecuencia, las entidades más pequeñas pueden ser especialmente vulnerables, ya que la ausencia de una red amplia de compañeros y colaboradores puede hacer que las dificultades cotidianas se afronten con una menor percepción de apoyo. Por ello, la incorporación de nuevos voluntarios y el fortalecimiento de las redes de colaboración no solo permitirían ampliar la capacidad de actuación de las entidades, sino que podrían aportar un beneficio adicional al crear entornos más conectados y ofrecer una mayor protección frente al desgaste emocional de las personas que trabajan o colaboran en ellas.
Burnout
Junto a estos aspectos positivos, el modelo ProQOL-Health identifica varios riesgos para el bienestar psicológico de las personas que ayudan a aquellos que sufren. El primero es el burnout, un estado de agotamiento emocional y pérdida progresiva de energía asociado a situaciones donde la persona siente no poder realizar su trabajo de forma efectiva. Los refugios operan en un contexto particularmente exigente. En 2025 se recogieron en España cerca de 286.000 perros y gatos, cuando el 39% de las entidades no contaban con ningún empleado remunerado. La combinación de una elevada carga asistencial y unos recursos limitados constituye un escenario clásico de riesgo para el desarrollo de burnout. La falta de espacio, las limitaciones económicas o la imposibilidad de atender todos los casos conocidos pueden contribuir además a la sensación de que el esfuerzo realizado nunca resulta suficiente.
Estrés traumático secundario
El segundo riesgo es el estrés traumático secundario, que aparece cuando una persona se expone de forma repetida al sufrimiento de otros. Aunque este concepto se desarrolló inicialmente para profesionales sanitarios, resulta especialmente aplicable al ámbito de la protección animal. Los trabajadores y voluntarios de refugios están en contacto continuo con historias de abandono, negligencia, enfermedad y, en ocasiones, incluso muerte. Un ejemplo de ello es que el 16,3% de los gatos y el 4,8% de los perros recogidos durante el año fallecieron o fueron eutanasiados. A ello se suma la experiencia de convivir durante meses, e incluso años, con animales que permanecen en los refugios sin encontrar una familia. La situación puede resultar especialmente difícil en el caso de los llamados animales invisibles, aquellos perros y gatos que, por su edad, tamaño, estado de salud o problemas de comportamiento, acumulan largas estancias y parecen quedar fuera del interés de los potenciales adoptantes. Estas situaciones pueden tener un importante impacto emocional en las personas que se ven expuestas a ellas.
Estrés moral
Finalmente, el modelo incorpora una dimensión particularmente relevante para el mundo de la protección animal: el estrés moral. Este se produce cuando una persona sabe cuál sería la mejor decisión o la acción más adecuada, pero no puede llevarla a cabo debido a limitaciones externas. Pocas realidades ilustran mejor este concepto que la vida cotidiana en muchos refugios. La falta de espacio o de recursos puede obligar a tomar decisiones difíciles, como retrasar o incluso rechazar la admisión de nuevos animales, priorizar unos casos frente a otros, por ejemplo, en una adopción, o aceptar que no siempre es posible ofrecer a cada animal todo aquello que necesitaría. Estas situaciones pueden generar un importante conflicto entre los valores y aspiraciones de quienes trabajan o colaboran en las entidades y las limitaciones impuestas por la realidad cotidiana.
Garantizar la sostenibilidad de las entidades de protección animal
Desde esta perspectiva, los refugios aparecen como entornos complejos donde conviven algunas de las experiencias más gratificantes asociadas al cuidado de otros seres vivos con algunos de los factores de riesgo más reconocidos para la calidad de vida profesional. Comprender esta realidad resulta fundamental no solo para proteger el bienestar de quienes cuidan de los animales, sino también para garantizar la sostenibilidad futura de las organizaciones dedicadas a su protección.